Los glaciares acumulan gran parte del agua dulce de que dispone el planeta. | image: Lander Van Tricht
El aumento de las temperaturas y el agua son dos conceptos que van de la mano en el preocupante marco del cambio climático. El Mediterráneo está considerado la zona cero del problema. Mallorca y en general las Illes Balears serán, si no se pone remedio, uno de los lugares que se pueden ver más afectados. Considerando que el modelo de sol y playa sigue siendo el principal factor que atrae a los visitantes, la situación puede tener graves consecuencias a largo plazo.
Una de las más evidentes, además de la mayor frecuencia de olas de calor, es la de la subida del nivel del mar. Esto puede tener como consecuencia una transformación de los paisajes, alteraciones en las playas y afectación de infraestructuras que ya ocupan un lugar en muchas ocasiones robado a la naturaleza.
La subida del mar podría hacer que hacia finales de siglo desaparezcan la mitad de las playas mallorquinas
En Mallorca la amenaza se concretará en la desaparición de aproximadamente la mitad de las playas para finales de este siglo. El aumento del nivel será de entre 55 y 100 centímetros, con un retroceso de la tierra firme de hasta 50 metros en algunas zonas.
Existe un mito extendido que achaca parte de esta subida de las aguas al aumento de temperatura en el Polo Norte. Al contrario que en la Antártida, donde existe tierra firme debajo de las nieves y hielos, el Ártico es en su práctica totalidad una masa de agua congelada, pero agua salada, es decir, proveniente del propio mar. Si todo ese agua pasara de sólido a líquido mañana, no solo el mar no subiría, sino que de hecho bajaría su nivel. Esto se debería a que el agua ocupa un mayor espacio en forma sólida que en forma líquida.
Se calcula que más de 200.000 glaciares han sufrido pérdidas de tamaño en las últimas décadas
El agua salada no es el problema en este caso. Sí lo es sin embargo el agua dulce que se deposita sobre las capas de agua salada congelada. Proviene de las precipitaciones en forma de nieve y entre ambos polos supone alrededor del 85 % del agua dulce del planeta. Por lo tanto, aunque en un principio perder el hielo salado del Polo Norte no afectaría al nivel de los océanos, haría que las enormes masas de hielo dulce se mezclaran con estos, precipitando el desastre.
Así pues, el verdadero problema del deshielo proviene del agua dulce congelada y esta se encuentra no solo en los polos, sino también en zonas mucho más alejadas. El campo de hielo de la Patagonia, la mayor extensión de glaciares fuera de los polos; los grandes glaciares de Asia, como los del Himalaya o Karakoram; las enormes extensiones heladas de Alaska, los glaciares europeos como los de los Alpes, o incluso algunos tropicales como los de Perú o el Kilimanjaro, corren serio peligro y nos lo hacen correr a nosotros. Todos están disminuyendo su tamaño, haciendo que su agua llegue al mar y reduciendo la cantidad de esta en forma dulce. El aumento de las temperaturas hace que los hielos y las nieves se derritan más rápido de lo que se forman y más de 200.000 glaciares han sufrido pérdidas en las últimas décadas. Se calcula que en el año 2100 la mitad ya habrá desaparecido totalmente.
El calentamiento de las aguas hace que se expandan, lo que aumenta también su nivel general
Es obvio que necesitamos agua dulce. Nuestra supervivencia está ligada directamente a ella y no hay que olvidar que menos del 3 % del líquido elemento total del planeta está en esta forma. Si los ciclos naturales de lluvias y nevadas se alteran de forma tan significativa, comenzará a ser un bien cada vez más escaso, difícil de encontrar y sujeto por tanto a la especulación y la desigualdad.
Calentamiento
Otro gran factor del aumento del nivel de los mares pasa más desapercibido, pero no por ello es menos importante. Se trata de otro aspecto del aumento de la temperatura de las aguas oceánicas. Al margen de favorecer el deshielo, la propia masa de agua se expande. Es física elemental. Cuando algo se calienta, aumenta su tamaño, se dilata. A más calor, más agua en los mares y este mismo calor hace que este agua ocupe mayor espacio. A mayor superficie de agua, mayor calor absorbido por esta y más hielo derretido. Es una pescadilla que se muerde la cola, solo que el bocado se lo llevará también el ser humano si no hacemos nada por corregir la tendencia.