La agricultura, la ganadería, los oficios vinculados a la ‘pedra en sec’, la gestión forestal y la vida en los pueblos forman parte de la esencia de un territorio que necesita continuidad y equilibrio.
La tercera sesión de este encuentro dialógico llegará bajo el título Serra de Tramuntana, una ventana al mundo: cómo mantener un paisaje cultural vivo. La jornada propone una reflexión sobre uno de los territorios más reconocibles de Mallorca y sobre el equilibrio necesario para conservar su valor patrimonial sin desvincularlo de la vida cotidiana de sus municipios.
Declarada Patrimonio Mundial por la UNESCO en 2011 como Paisaje Cultural, la Serra de Tramuntana representa una forma singular de relación entre la actividad humana y el medio natural. Sus bancales, olivares, caminos, sistemas hidráulicos, possessions y pueblos no son solo elementos de un paisaje admirado, sino la expresión de una cultura agrícola y social que ha modelado la montaña durante siglos.
Mantener ese legado implica mirar al territorio como algo vivo, en continua adaptación y profundamente ligado a quienes lo habitan. La conservación de este paisaje cultural no puede entenderse únicamente desde la contemplación, sino también desde el reconocimiento del trabajo que lo sostiene. La agricultura, la ganadería, los oficios vinculados a la pedra en sec, la gestión forestal y la vida en los pueblos forman parte de la esencia de un territorio que necesita continuidad y equilibrio.

Desde la administración se abre una oportunidad para reforzar la armonía entre preservación patrimonial y viabilidad económica. La gestión pública puede desempeñar un papel clave como punto de encuentro entre propietarios, productores, municipios, entidades sociales y ciudadanía, facilitando una visión compartida sobre el futuro de la Serra. La coordinación institucional, el apoyo técnico, la sensibilización y el impulso a proyectos vinculados al territorio son herramientas esenciales para acompañar este proceso.
Uno de los grandes desafíos pasa por apoyar al sector primario en un momento de transformación. La agricultura de montaña afronta cambios sociales, económicos y climáticos que condicionan su continuidad. El encarecimiento de los costes, la competencia de otros mercados, la falta de relevo generacional y las dificultades propias de trabajar en un entorno complejo obligan a pensar nuevas fórmulas de reconocimiento, valorización del producto local y conexión con la economía del territorio.

La Serra ha sido históricamente un espacio de adaptación. Sus cultivos, sus muros, sus caminos y sus sistemas de aprovechamiento del agua nacieron de la capacidad de trabajar con los límites del terreno. Hoy esa misma lógica vuelve a ser necesaria ante un escenario marcado por la escasez hídrica, el aumento de las temperaturas y una mayor irregularidad climática. Preservar la agricultura tradicional no significa mantenerla inmóvil, sino ayudarla a evolucionar sin perder su vínculo con el paisaje.
La recuperación de tierras en desuso, el mantenimiento de bancales, la prevención de incendios, la mejora de la gestión del agua y el impulso a productos vinculados a la Serra forman parte de una misma estrategia. Cada finca que mantiene actividad contribuye a conservar el territorio. Cada productor que encuentra una salida viable ayuda a sostener una parte del paisaje. Cada iniciativa que une patrimonio, economía local y sostenibilidad refuerza la idea de una montaña habitada y productiva.
El turismo y el uso público también forman parte de este equilibrio. La Serra atrae a residentes y visitantes por su belleza, su valor cultural y su fuerza simbólica. Esa capacidad de atracción es una oportunidad, siempre que se gestione desde el respeto al territorio y a quienes viven en él. Avanzar hacia un uso más consciente de caminos, miradores, pueblos y espacios naturales permite mejorar la convivencia, proteger los recursos y ofrecer una experiencia más vinculada al conocimiento del patrimonio.
La jornada de eForum plantea, en su tercera sesión de hoy, precisamente esa conversación. Cómo proteger sin congelar. Cómo conservar sin desconectar. Cómo favorecer una actividad económica compatible con el paisaje. Cómo asegurar que los municipios de la Serra sigan siendo lugares habitados, activos y con futuro. El debate no se limita a la preservación de una imagen reconocida internacionalmente, sino que aborda la continuidad de una forma de vida que ha dado sentido al territorio.
El futuro de la Serra de Tramuntana dependerá de la capacidad para unir conservación, actividad económica y compromiso colectivo. Su valor no está solo en lo que se ve, sino en todo lo que hace posible que ese paisaje siga existiendo. Bancales cuidados, olivares trabajados, caminos transitables, pueblos vivos, productores activos y una administración capaz de acompañar ese proceso forman parte de una misma mirada de futuro.
Preservar la Serra de Tramuntana es preservar una memoria agrícola, cultural y humana, pero también abrir un camino hacia una gestión más equilibrada del territorio. El desafío es mayúsculo, porque afecta a un paisaje único y a una agricultura milenaria amenazada por transformaciones profundas. Solo desde esa mirada compartida, la Serra de Tramuntana podrá seguir viva, no como una postal detenida en el tiempo, sino como un territorio con identidad, actividad y horizonte.