Diego Viu, director general de Economía Circular, Transición Energética y Cambio Climático. | image: M. À. Cañellas
Sin energía, Baleares no tiene futuro. O al menos, ninguno en el que nos gustaría vivir. No es cuestión baladí. Cada decisión que tomamos hoy condicionará la competitividad de nuestras empresas, el coste energético de nuestras familias y la capacidad de las Illes Balears para afrontar con garantías los desafíos de las próximas décadas.
Por eso resulta tan importante distinguir entre proclamar acerca de transición energética y hacer transición energética. ¿La diferencia? Se mide en proyectos ejecutados, inversiones movilizadas y resultados tangibles para la ciudadanía. Facta, non verba.
Baleares necesita más energías renovables. Sobre eso existe un amplio consenso. La cuestión es: ¿Cómo lo hacemos? Y precisamente ahí es donde se encuentra el reto de los gestores públicos: avanzar con determinación, pero también con planificación; acelerar, pero sin improvisar; transformar, pero sin dar la espalda a la realidad de nuestro territorio.
Las Illes Balears son un territorio singular. Nuestra condición insular, nuestra elevada dependencia energética exterior y el enorme valor ambiental y paisajístico de nuestras islas nos obligan a encontrar soluciones propias. No podemos copiar modelos de otros lugares. Necesitamos una transición energética adaptada por y para Baleares.
Desde el Govern hemos apostado por una visión basada en el equilibrio y el sentido común. Una visión que entiende que la sostenibilidad y el desarrollo económico no son conceptos enfrentados, sino objetivos que deben avanzar juntos. No existe dicotomía.
En este contexto, la planificación se convierte en una herramienta fundamental. Porque construir el futuro energético no consiste únicamente en instalar más megavatios. Consiste en hacerlo de manera ordenada, compatible con el territorio y generando confianza entre todos los actores implicados. Ese es precisamente el objetivo de la zonificación inteligente que estamos impulsando. Una herramienta que permite identificar los espacios más adecuados para el desarrollo de proyectos energéticos, aportando seguridad jurídica, reduciendo incertidumbres y favoreciendo una mejor integración territorial.
Durante demasiado tiempo, el debate energético ha oscilado entre posiciones extremas. Entre quienes pensaban que cualquier proyecto era aceptable y quienes consideraban que cualquier actuación suponía una amenaza para el territorio. Nosotros creemos que existe un camino mejor: planificar, ordenar y decidir con criterios técnicos. Con el debido consenso. Porque cualquier consenso que se precie no puede construirse desde la confrontación permanente. Debe construirse desde el conocimiento, el diálogo, el rigor y la responsabilidad.
Pero la transformación energética no depende únicamente de la planificación. También requiere inversiones. Y aquí las administraciones públicas tenemos una responsabilidad fundamental: facilitar que ciudadanos y empresas puedan formar parte del cambio. Las ayudas públicas destinadas al autoconsumo, la eficiencia energética, la movilidad eléctrica o la descarbonización empresarial son mucho más que simples subvenciones. Son herramientas para mejorar la competitividad, reducir costes y generar nuevas oportunidades.
Con demasiada frecuencia se habla de los fondos públicos en términos abstractos. Sin embargo, detrás de cada expediente hay una realidad muy concreta: una familia que reduce su factura eléctrica gracias a una instalación fotovoltaica; un pequeño comercio que mejora su eficiencia energética; una industria que invierte en tecnología para consumir menos recursos y ser más competitiva.
Baleares solo tendrá éxito en materia energética si es capaz de llegar a la vida cotidiana de las personas. Y eso significa que los beneficios deben ser visibles, medibles y accesibles. Prueba de ello es el esfuerzo superlativo durante esta legislatura, centrado en mejorar la gestión y agilizar la tramitación de ayudas. Porque una subvención que tarda años en resolverse pierde buena parte de su utilidad. Porque una inversión bloqueada es una oportunidad perdida. Y porque las administraciones debemos estar al servicio de quienes quieren emprender, invertir y mejorar. Bajo esta filosofía nace el Pla Acceleram. Una iniciativa orientada a simplificar procedimientos, reducir tiempos y facilitar que los recursos lleguen antes a ciudadanos, autónomos y empresas. En definitiva, una herramienta para convertir la voluntad política en resultados concretos.
La transición energética exige ambición, pero también capacidad de ejecución. Exige objetivos claros, pero también administraciones eficaces. Exige inversiones, innovación y colaboración entre instituciones, empresas y sociedad civil. Entramos ya en la recta final de la legislatura y lo hacemos con la convicción de que Baleares avanza en la dirección correcta. Queda camino por recorrer, sin duda. Pero hoy contamos con más herramientas, más planificación y más capacidad para afrontar los retos energéticos que hace apenas unos años.
La transición energética que Baleares necesita no es la de los titulares ni la de los discursos grandilocuentes. Es la que se construye cada día a través de decisiones responsables, inversiones útiles y proyectos que mejoran la vida de las personas. Porque al final, la verdadera medida del éxito no será el número de anuncios realizados, sino la capacidad de dejar a las próximas generaciones unas islas más sostenibles, más competitivas y mejor preparadas para el futuro.
